Cada cabeza es un país - Priscyll Anctil
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Cada cabeza es un país

Seminario Intercultural 1Introducción a la convivencia cultural intercultural
Ponentes: Mohamed Benzagur y María Paola Ruiz (28 de septiembre de 2011)

En el seminario de hoy, llamado La convivencia, un reto, hemos enfocado en la cultura, esta entidad abstracta que muchos de nosotros identificamos como una parte de nuestro vocabulario, pero que al final, no conocemos realmente. Durante el seminario, se trató de plantear la cultura como algo que pueda dar sentido a nuestras realidades, enriquecer nuestras imaginaciones y que, forma un todo integrado y bien ubicado en cada uno y cada una de nosotros. El punto principal del seminario era de hacernos entender que todo lo que concierne la cultura ni es universal ni es completamente nacional, sino que es fundamentalmente personal: « Cada cabeza es un país ». Asimismo, se debe ver la cultura como algo cambiante, un « dispositivo adaptativo» que siempre se debe analizar con mucho cuidado contextualizando en totalidad. Es lo que Amartya Sen llama «identidades plurales»[1], es decir, la pluralidad de pertenencias que tenemos como persona, lo que nos lleva a convivir con las diferencias y rechazar la singularidad de las identidades que conduce muchas veces a los conflictos.

mafalda padre

Luego, cuando yo escucho una conferencia, siempre me pongo a pensar en mi propia experiencia y, en este caso, me puse a pensar a mi propia identidad y los rasgos de mi cultura. En Quebec, la cultura es un debate muy fuerte, sobre todo por sus connotaciones peyorativas desde el punto de vista de dicho conflicto nacional que tenemos. El debate sobre el tema es, para mí, sin fin y políticamente cargado: las cuestiones de identidad y de cultura quebequense sobrepasan mucho, en importancia y complejidad, los límites de este pequeño blog. Pero más allá de esto, lo que me marcó mucho del seminario fue el inicio; esa foto de dos hombres tomándose las manos, caminando en la playa. Escuchando los comentarios, me hizo pensar en mi trabajo de camarera en Quebec, que solía hacer a tiempo parcial para pagar mis estudios. Trabajaba en un restaurante muy bien reputado por los desayunos ricos que sirve (ya que en Quebec, es una costumbre de desayunar muy tarde, comer mucho, entre amigos o con nuestra familia) y muchas veces me pasaba algo muy raro… Efectivamente, cuando dos chicos se venían a desayunar juntos, independiente de la edad, y que venía el momento en el cual yo se les decía: «¿Terminaron? ¿Una cuenta o dos?», siempre me miraban de manera extraña, diciéndome: «¿Pero qué, parecemos homosexuales?»… Lo que intento subrayar es que, muchas veces, sentí miedo de los chicos quebequenses, de ser identificados como homosexuales. Muchas veces, sentí miedo de su parte, frente al hecho de abordar una mujer. Muchas veces, sentí mucho miedo para decir sus sentimientos. Digo muchas veces porque, obviamente, no quiero caer en las generalizaciones ni conclusiones falsas, sino que quiero hablar de mi propia experiencia. Y eso no lo descubrí antes de salir del país: al final salir de la zona de comodidad te hace entender mucho más cosas de tu propia cultura que de las demás. Entonces, me pregunté a mi misma, ¿qué hubiera dicho mi padre? ¿O mi tío y mi hermano? Por mi parte, lo que se me vino a la cabeza en primer lugar era un estado de «bien estar», la foto mostraba fraternidad, la amistad o quizás, el amor. Yo como mujer y con el bagaje vital que tengo, así lo veía. Y como reflejo natural me puse a pensar en mi mundo pequeño, es decir mi familia. Pensando en las reacciones que hubieran podido tener el resto de esta última. Esta reflexión me llevo a preguntarme de los hombres en general, y más allá, de los quebequenses. ¿Cómo hubieran contestado a esta pregunta? ¿Cómo hubieran visto esta foto? Desde ahí, tuve que generalizar un poco. Tuve que preguntarme como hubieran reaccionado la mayoría de los hombres quebequense (considerando la provincia entera, como entidad de lengua francesa, pero sabiendo que vivo en una parte precisa y que eso puede tener muchas consecuencias sobre mi visión). Pensé en mi padre, que siempre está haciendo unos chistes sobre el tema de la homosexualidad, pensé en mi tío que tiene unas opiniones tan radicales sobre todo lo desconocido. Pensé en las dificultades que tenemos para que mi padre y mi hermano hablen de sus sentimientos… Que muchos hombres, sobre todo de la edad de mi padre, no quieren ir al psicólogo porque eso es «solamente para la gente loca» como lo suelen decir…Y me dije, ¿existe un problema de identidad personal que sería más fuerte por los hombres quebequenses que por las mujeres?

intimidad

Fuente: Reto Diario

En mis múltiples pensamiento de «promeneur solitaire», como lo solía decir Jean-Jacques Rousseau, derivé hacia lo que se percibe generalmente como la pérdida de toda forma de esperanza hacia la vida, el suicidio. ¿Puede ser que el suicidio deriva de un problema cultural en Quebec? En Quebec, se habla mucho de la alta tasa de suicidio, sobre todo de los autóctonos (indígenas en Canadá), que encuentran muchas dificultades socio-económicas, y de los prisioneros (para profundizar este asunto, véanse el reportaje de Radio-Canada sobre los autóctonos. Pero eso no quita que, en 2004, todas categorías confundidas, el Quebec era tercero en la tasa de suicidio más grande de los países industrializados. En efecto, la tasa de suicidio aumento de 25% en 60 años y lo más deplorable es que, de las 1334 personas que se suicidaron en 2001, 1055 eran hombres[2]. Como lo plantea Gilles Guénette, la primera causa de mortalidad de los hombres entre 20 y 40 años es el suicidio:

Estas estadísticas no tienen en cuenta hombres que no consiguen suicidarse, de los que mueren en circunstancias que, a primera vista, parecen ser unos accidentes pero que, al fondo, no lo son y delos que se colocan día tras día y cuya vida es, finalmente, un suicidio largo y tranquilo. Todos conocemos a alguien que entre en unas de estas categorías, todos conocemos alguien que se quitó la vida…[3][4]

Pero, ¿de dónde viene ese mal estar masculino? ¿Existe realmente un mal estar general de los hombres o solamente es una coincidencia? Desde mi punto de vista, la cuestión es fundamentalmente cultural porque personal y se ubicada en un todo muy profundo. Ciertas personas subrayan que pueda derivar de la «Révolution Tranquille», revolución pacífica pero radical que cambió drásticamente los valores quebequenses y que impuso un feminismo fuerte[5]. Otras plantean que la alta tasa de divorcio, un 50% de los matrimonio, así como el mal estar derivado de las decepciones post-referéndum, llevaron a una «desilusión colectiva» caracterizada por valores demasiado individuales.[6] Al final, ¿existe realmente una posibilidad de llegar a una comprensión cultural y social de las emociones y de la muerte?

Sin embargo, quiero terminar sobre una nota más positiva. Primero, el 83% de los quebequenses se dicen abiertos a tener un amigo homosexual en su vida.[7] Segundo, la tasa de suicidio de los jóvenes entre 15 y 19 años pasó de 84 suicidios en los 2000 a 24 en 2006[8] mientras, por 100 000 personas, la tasa general de suicidio era de 30 a finales de 2000 y se bajó a 13,5 en 2009[9]. Asimismo, vemos que los jóvenes se están abriendo más y más, que los chicos hablan más de sus emociones, y sobre todo, yo opino que los “social networks” como Facebook, pueden ayudar mucho en este sentido. Y creo que de allí pueda empezar una conversacion con los demas, buscando un apoyo social, y quizás… una convivencia con sí mismo.


[1] SEN, AMARTYA (2007): Identidad y violencia: La Ilusión del destino, Buenos Aires, Katz, p. 44.

[2] Paré, Isabelle (2004): «Suicide: l’échec québécois», Le Devoir, disponible en : http://pilule.telequebec.tv/occurrence.aspx?id=513, Fecha de consulta, 29-10-11.

[3] Guénette, Gilles (2008) : «Le suicide au Québec, une histoire de gars», Le Québécois libre, disponible en : http://www.quebecoislibre.org/010303-4.htm, Fecha de consulta, 29-10-11.

[4] Traducción personal: «Ces statistiques ne tiennent pas compte des hommes qui ne réussissent pas leur coup, de ceux qui meurent dans des circonstances qui à première vue semblent être des accidents mais qui au fond n’en sont pas et de ceux qui se défoncent jour après jour et dont la vie n’est en fait qu’un long suicide tranquille. On connaît tous quelqu’un qui entrent dans l’une ou l’autre de ces catégories, on connaît tous quelqu’un qui s’est enlevé la vie…»

[5] Guénette, Gilles, op. cit.

[6] Caron, Jean & Claire Robitaille (2007): «Les taux de suicide des jeunes hommes québécois : facteurs de risques et de protection», Érudit, p. 113-114, disponible en : http://www.erudit.org/revue/rs/2007/v48/n3/018005ar.pdf, Fecha de consulta, 29-10-11.

[7] Galipeau, Silvia (2011): «L’insaisissable Québécois», Cyberpresse, disponible en : http://www.cyberpresse.ca/vivre/societe/201110/11/01-4455937-linsaisissable-quebecois.php, Fecha de consulta, 29-10-2011.

[8] Télé-Québec (2009), «Une pilule une petite granule», Télé-Québec, emisión del 5 de febrero de 2009, disponible en : http://pilule.telequebec.tv/occurrence.aspx?id=513, Fecha de consulta, 29-10-2011.

[9] Organización Stress Info, (2011): «Au Québec, le taux de suicide continue de baisser», Stress Info, disponible en : http://www.stress-info.org/tags/baisse-du-taux-de-suicide-au-quebec/, Fecha de consulta, 29-10-11.